El tiempo que compartía al lado
de Lulú, sus pensamientos, su sonrisa y sus comentarios hicieron que me enamorará de ella. Recuerdo que Lulú tenía novio; yo estaba enamorado de ella y eso
no me importaba. Su relación sentimental al parecer tenía problemas. Recuerdo
lo mucho que nos gustaba criticar a los profesores y compañeros. Solo una
mirada entre ella y yo, y sabíamos de que nos reíamos. El tiempo que
compartíamos juntos bastó para pasar de un abrazo a besos en la boca.
Era el último semestre que
cursaba en la preparatoria; Lulú y yo estudiábamos
la capacitación en Informática. Ella y yo, hicimos equipo en las materias de
Diseño de Aplicaciones con Programas Integrados, Base de Datos y Redes. Estas
materias se impartían en una macro sala, la cual no tenía suficientes
computadoras; era por eso que los maestros nos hacían formar equipos. Cuando
entrabamos a estas clases Lulú y yo, solo jugábamos en Paint; revisábamos y escribíamos comentarios en el hi-5. No
recuerdo alguna clase en la cual no parábamos de reír.
La escuela, a lado de Lulú, era
sencilla; regularmente las clases eran de dos horas; los maestros solo daban
clase una hora, máximo una hora y media. Ella y yo entrabamos a clase, desayunábamos, volvíamos a clase,
posteriormente salíamos de la escuela, íbamos a comer, caminábamos hacia Mundo
E y trasbordábamos un microbús hacia el Parque Naucalli. Yo adoraba ir a ese
parque con Lulú; llegábamos en especial a un árbol grande y con mucha sombra.
Recuerdo muy bien a la mamá de Lulú;
ella y Lulú eran muy parecidas en su aspecto físico. Cuando su mamá sabía que yo iba ir a su casa,
siempre hacía algo de comer para Lulú y para mí; también hacía una jarra de
agua natural y siempre me ofrecía algo más para comer. Lo que más me sorprendía
de la mamá de Lulú, era que me decía: “Ay Eduardo, que lindo eres, gracias por traerme
a mi hija sana y salva; ella, se la pasa hablando de ti Eduardo, esto Eduardo, lo
otro.” La mamá de Lulú, no imaginaba que ella y yo, veníamos del parque; en el nos divertíamos en los juegos, comprábamos espuma y jugábamos con ella. La mayoría de
veces solo íbamos para estar juntos y disfrutábamos de ser novios.
Ni estando en la casa de Lulú, nos
comportábamos e igual reíamos y jugábamos. Lulú se ponía nerviosa; cuidaba de
que su mamá viniera y nos encontrara besándonos. En otros lugares que no fuera
su casa, a ella, no le importaba lo que decían los demás.
Hola Eduardo!!
ResponderBorrarEn el segundo renglón no completaste la palabra ( enamorara ) la dejaste enamora.
Y que paso con el novio de ella? (jaja es chisme)
Saludos!!!